Onicofagia: morderse las uñas tiene sus riesgos

Si vemos a alguien devorando las uñas de la mano sólo pensamos en que se trata de una persona ansiosa o impaciente. A veces, no hace falta que le cojamos en acción para darnos cuentas de que padece onicofagia, simplemente, echando un vistazo a sus manos veremos que le faltan trozos de las uñas o que tienen esa terminación hecha con los dientes que le delata. Más allá de los nervios o de la estética, e incluso de la vergüenza y los complejos, puede ser una costumbre peligrosa para quien lo realiza.

El hábito de morderse las uñas es bastante común y afecta a entre un 20 y un 30% de la población independientemente de la edad. Los hombres se muerden más las uñas que las mujeres y en la adolescencia afecta al 45% de los jóvenes. Con la edad, las mujeres tienen más facilidad para dejar este hábito. Las causas originales pueden estar en situaciones de estrés o ansiedad, en las que morderse las uñas se utiliza como vía de escape y se acaba instaurando.

A pesar de que desde la psiquiatría se abrió un debate hace años para determinar si está relacionado con un trastorno mental, lo cierto es que los resultados no fueron concluyentes. Además del estrés, también hay quien lo encuentra placentero, e incluso hay estudios que lo relacionan con una personalidad perfeccionista, siendo en estos casos una válvula de escape para calmar la irritación, el aburrimiento o la insatisfacción. Otras teorías señalan que también hay un componente genético, pues un tercio de los afectados tienen antecedentes familiares.

Más allá del componente estético, este hábito tiene varias consecuencias para la salud que, generalmente, son desconocidas. Morderse las uñas afecta a su estructura y crecimiento, produciéndose micro roturas que las hacen crecer de forma desigual e impiden que la carne quede protegida, dejando la zona vulnerable y sensible. En los caso más severos, puede producirse incluso dolor al coger objetos, pues se ha perdido adherencia, aumentando la sensibilidad.

Infecciones bacterianas, verrugas y problemas dentales

Además, es un foco para las infecciones bacterianas, pues pueden albergar bacterias como la E. Coli o la salmonella, que pasan al resto del cuerpo a través de la boca. Alrededor de las uñas, también producirse una infección de piel llamada paroniquia (uñero), producto de las bacterias, hongos, levaduras y microorganismos que penetran a través de las heridas que se van produciendo en la piel. Puede generar enrojecimiento, hinchazón y hasta pus, que en ocasiones requiere intervención quirúrgica para su eliminación.


En el caso de los niños que padecen onicofagia, se puede dar la aparición de verrugas en los dedos, causados por el Virus del Papiloma Humano, que pueden pasar a la boca y a otras partes del cuerpo.

Los dientes, así como la oclusión mandibular, también se pueden ver afectados por morderse las uñas. Por una parte, afecta al desgaste de las piezas dentales por la repetición continua del movimiento, así como al deterioro del esmalte dental, provocando una mayor sensibilidad; por otra, los dientes pueden quedar desplazados, ocasionando problemas en la mordida. Además, genera tensión en la articulación de la mandíbula debido al sobre esfuerzo.

De todo lo mencionado, podemos concluir que realmente no es un buen hábito. También sabemos que es muy difícil de erradicar, pero no imposible. La atención ocupa un lugar muy importante para ello. El primer aspecto es tomar conciencia de las emociones, situaciones o pensamientos que provocan comenzar a morderse las uñas. Se trata de intentar afrontar estas emociones de manera diferente, más relajada, e ir progresivamente desvinculándolas del hábito. Llevar un registro escrito puede ser muy útil.

En el mercado existen líquidos especiales amargantes que se pueden poner en las uñas para evitar que se muerdan. También puede utilizarse picantes naturales como el tabasco o otras sustancias. Ciertamente, muchas de las personas que utilizan este sistema afirman que se acostumbran al sabor del producto y no consiguen detener la práctica. En este sentido, se puede avanzar un paso más, si se utiliza el sabor desagradable para darse cuenta de que se está comenzando a realizar la acción y parar.

Llevar las uñas cortas y pintadas, así como, cuando sea necesario, envolver las puntas de los dedos con esparadrapo son otros recursos útiles. Insistimos en que lo más importante es la atención, tomarse un segundo para darse cuenta de que se está cayendo en el mismo hábito y, poco a poco, ir acortándolo, espaciándolo y conquistando la salud de las uñas. Seguro que tendrá su recompensa a todos los niveles.