La cara oculta de los fármacos.


¿Te automedicas o tomas más de un medicamento?

El hecho de que se puedan adquirir medicamentos en las farmacias sin receta, o que se nos presenten de manera habitual en medios de comunicación, no significa que sean inocuos. Los fármacos no sólo actúan de acuerdo a sus componentes, sino también según las características particulares de la persona que los ingiere.  Cada persona reacciona de una manera distinta porque existe una variabilidad en la absorción, el metabolismo y la eliminación. Puede modificarse según su edad y su estado de salud. Además, los medicamentos, una vez dentro del cuerpo, no pueden actuar de manera selectiva donde nosotros queremos y hasta cuando pensamos que lo tienen que hacer, sino que sabemos que tendrán efectos secundarios y que algunos de estos serán no deseados.

La población sigue automedicándose de manera generalizada a pesar de estar advertidos de no hacerlo. Lo hacen cuando creen que presentan síntomas similares a determinada enfermedad, por haber tomado un medicamento con anterioridad que les ha funcionado en otras ocasiones, o por el consejo de terceras personas. Se ha creado un nuevo hábito de medicarse para problemas de salud que antiguamente se resolvían de manera natural y con remedios caseros.

Pero hay otros riesgos importantes detrás de la toma de fármacos como es la polimedicación, es decir, la toma simultánea de muchos medicamentos, que en ocasiones puede ser necesaria, pero debe ser controlada por un médico, y nunca bajo criterio único del paciente.

 Las cifras

Somos el segundo país del mundo con más consumo de medicamentos por habitante. El consumo de fármacos en nuestro país es un 50% superior a la media de Europa, y nos gastamos unos 17 mil millones de euros en medicamentos.

Entre los medicamentos que más se prescriben se encuentran los del grupo de psicofármacos, tranquilizantes, hipnóticos y antidepresivos, especialmente este último con un incremento de hasta un 200% en la última década. Según la Agencia Española del Medicamento somo el país con mayor consumo de antidepresivos.  

También tenemos el primer puesto en consumo de medicamentos para tratamiento de la demencia y el segundo lugar en el consumo de medicamentos para el tratamiento de la osteoporosis. Uno de los causantes de dicha enfermedad es la falta de vitamina D, de la que su forma activa se produce por la exposición solar de nuestro cuerpo. Y aunque disponemos de una media anual de unas 8.2 horas frente a las 3-4 del Reino Unido, estamos en la cabeza del consumo de medicamentos para la osteoporosis.

Por otro lado están los fármacos que se pueden comprar sin receta médica, entre ellos los antiácidos y los analgésicos no opioides. Medicamentos como el Omeprazol y el Paracetamol encabezan el ranking de los más vendidos.

El consumo de los mal llamados “protectores gástricos” ha registrado un incremento del 80%. Los analgésicos, y especialmente los opioides (analgésicos más potentes), es un grupo de fármacos muy demandado, con un incremento del 84%, y el grupo de medicamentos que reducen el colesterol se ha incrementado en un 400% aproximadamente en los últimos años.

Curiosamente, el incremento de consumo de fármacos es directamente proporcional al riesgo de muerte. Ya en el año 2008 se publicó que las reacciones adversas a los medicamentos de consumo habitual eran la quinta causa de muerte hospitalaria en la Unión Europea según los datos de Sistema Español de Farmacología y Medicamentos de Uso Humano. Y en un informe de la Comisión Europea del 2008 se registraron 197.000 muertes en un año consecuencia de los efectos adversos de la medicación. En la actualidad algunos estudios colocan a los fármacos como la tercera causa de muerte en el mundo.

 

Los medicamentos que más se consumen en el territorio son los ansiolíticos, los “protectores de estómago”, los analgésicos, antiinflamatorios y por último los potenciadores sexuales.

 

Sobremedicados

El actual ritmo de vida nos ha vuelto exigentes y buscamos resolver los problemas de la vida cotidiana con un medicamento, a poder ser “de hoy para ayer”. Se está en muchos casos, prescribiendo a la “ligera” sin ofrecer alternativas al paciente.  Por ejemplo, si tienes el colesterol alto te tomas una pastilla para prevenir un infarto. Ir al origen de la enfermedad, como el tipo de alimentación u ofrecer alternativas de estilo de vida saludables puede ser una manera de resolver estos problemas sin recurrir a la medicación.

Por otro lado se ha pasado a etiquetar a algunas emociones como enfermedades. Por ejemplo, si diagnosticamos la tristeza como depresión, la respuesta será tratarla con medicamentos como si éstos fueran mágicos: si estás triste, tomas un antidepresivo y dejas de estarlo. Y digo yo ¿no sería mejor que buscáramos la causa de la tristeza? Sin cuestionar que en algún momento sea necesario un antidepresivo siempre y cuando se revise que está claramente indicado y restringido a casos muy concretos, el hecho de estar triste y con motivos no es una enfermedad. ¿Cómo podemos vivir un duelo si nos quitamos la tristeza con una pastilla?

Cuando se empieza un tratamiento debe de quedar muy claro la duración y el objetivo del mismo. El paciente ha de estar informado de los posibles efectos no deseados. En el caso de aparecer reacciones adversas ha de comunicarlo lo antes posible al médico que lo prescribió.

 

¿Consumes demasiados medicamentos? 

Numerosos medicamentos interaccionan entre sí, provocando efectos negativos. Esto sucede, entre otras razones, porque muchos fármacos, antes de ejercer su efecto, deben pasar por el hígado, y es éste el lugar en que, en ocasiones, se ve incapacitado para reaccionar de forma adecuada a la llegada de más de un medicamento, ocasionando una disminución del efecto farmacológico o, incluso un incremento del efecto, ambos casos no deseados e incluso de graves consecuencias.

No son pocos casos en consulta en los que encuentras pacientes a los que se les ha recetado cinco medicamentos o más, y cuantos más medicamentos tome, más alta será la probabilidad de interacciones o efectos adversos no deseados

Las personas polimedicadas suelen hacerlo puesto que los fármacos le son recetados por más de un profesional de la salud, que suelen ser distintos expertos que abordan la enfermedad desde su especialidad y no desde el conjunto de la persona. 

 

En Cataluña entre 700.000 y 800.000 personas toman simultáneamente cinco medicamentos a cargo del Cat Salut, a los que hay que añadir los que puedan tomar por otras vías. Y hay unas 100.000 personas que toman más de diez fármacos al día, hablamos sobre todo de personas mayores.

 

Niños y mayores, los más expuestos a afectos adversos

Las personas mayores tienen un alto riesgo de sufrir una reacción adversa a los fármacos por distintas razones. Es probable que padezcan varios problemas de salud y, por esta razón, pueden estar tomando gran cantidad de medicamentos con y sin prescripción médica. A medida que envejecemos, el hígado tiene menos capacidad para metabolizar fármacos y los riñones están menos capacitados para eliminarlos del organismo, de forma que aumenta el riesgo de que el fármaco produzca toxicidad, principalmente a nivel hepático o renal, entre otros.

Los niños son especialmente propensos a presentar reacciones adversas a los fármacos debido a que su capacidad para metabolizarlos es diferente a la de los adultos. Un factor de riesgo importantísimo se produce precisamente antes de que el propio fármaco salga al mercado. No se realiza una fase de ensayo clínico con ellos, por un problema de ética profesional, donde la ley es muy estricta a la hora de probar fármacos con menores. Pero por otro lado, una vez en el mercado, no existe problema alguno en recetarlo entre la población infantil a pesar de que la ley exige una petición de medicación de uso compasivo. Y no se trata de adultos en miniatura, su organismo está en fase de desarrollo y eso supone tratar con circunstancias más complejas. Por suerte ya existe un “Pediatric Investigation Plan (PIP)” en la UE y EEUU para regular este tema.

Cuando un medicamento sale al mercado, se ha probado en personas que poco tienen que ver con quienes finalmente lo consumirán.

Abusamos del medicamento cuando muchas veces tenemos alternativas naturales que pueden ser eficientes y sin los efectos secundarios de los fármacos. 

¿Qué es la Farmacología Clínica? 

Esta especialidad médica se centra en evaluar la relación entre los efectos beneficiosos y los riesgos de los fármacos en el ser humano.

Aunque en nuestro país es poco conocida, y en la mayoría de hospitales no hay especialistas con esta formación, sí que es una especialidad ampliamente reconocida en países del norte de Europa y EEUU.

La Farmacología Clínica promueve un uso responsable, efectivo y seguro de los medicamentos. La OMS propuso el desarrollo de esta especialidad en 1970, para evaluar la relación beneficio-riesgo de los tratamientos e intervenciones terapéuticas incluyendo la eficacia, seguridad, efectividad y eficiencia de los mismos.

Para el desarrollo de la Farmacología Clínica se requiere ser médico para poder colaborar junto a otros especialistas, en las decisiones terapéuticas sobre un paciente concreto, o en la identificación y diagnóstico de cuadros clínicos complejos relacionados con el uso de los medicamentos.

El trabajo consiste en revisar la historia clínica de un paciente y los tratamientos o intervenciones terapéuticas que realiza de forma individual y personalizada. Es importante descartar otras posibles patologías, así como los efectos secundarios de los fármacos que pudieran estar causando o colaborando en el empeoramiento del estado de salud actual del paciente. Forma parte de esta revisión analizar si la indicación del medicamento está o no aprobada por las agencias reguladoras y ajustar el tratamiento al paciente en cuanto a dosis y pauta de prescripción. Y en caso de considerarlo necesario se realiza una retirada de aquellos fármacos que en el estudio final obtenga una relación beneficio-riesgo desfavorable, buscando las opciones terapéuticas más naturales y menos agresivas para mejorar la salud y la calidad de vida del paciente.

Sistema de salud actual

Mi experiencia clínica de veinte años me indica que en el sistema sanitario vigente hemos llegado a un punto crítico. Al estar sobresaturado y con una deficiencia importante de profesionales, es imposible controlar a todos los pacientes polimedicados. A pesar de la buena voluntad de muchos médicos en dedicar parte de su tiempo libre en revisar las listas enormes de medicación de algunos enfermos, es un trabajo inhumano cuando se suma a los aproximadamente 150 pacientes que visitan por semana.  Y mi pregunta es la siguiente, ¿quién va a revisar las medicaciones crónicas de los pacientes e individualizar los casos para tomar la decisión terapéutica que mejor se adapte a cada persona en particular? ¿Quién se va a responsabilizar de asegurar una prescripción adecuada evitando las posibles interacciones y los efectos secundarios?

Es necesario e imprescindible tener en cuenta que cada acción tiene una consecuencia, y que los medicamentos y las intervenciones terapéuticas no son inocuas, independientemente de los beneficios que puedan ocasionarnos. En mi trabajo a menudo veo listas enormes de medicamentos prescritos sin “ton ni son”. Y otras muchas veces veo fármacos indicados y beneficiosos para diferentes patologías en concreto, pero que juntos provocan interacciones y graves efectos secundarios que pueden poner en peligro la vida de los pacientes. Y que seguramente por falta de tiempo o visión global del enfermo, nadie ha podido revisar.

Aunque la sobrecarga del sistema de salud pública ha provocado la necesidad de crear protocolos y pautas de actuación para priorizar actitudes terapéuticas en enfermedades graves y/o urgentes, fuera de estos casos hay que priorizar el sentido común. 

Sobre los riesgos de la automedicación, la polimedicación y  de qué puede ser de ayuda la farmacología clínica hablaremos en mi conferencia “La cara oculta de os fármacos” del día 19.

 

 

⚠️  CONFERENCIA POSPUESTA ⚠️ con relación a la prevención de la expansión del COVID-19.

La cara oculta de los fármacos

Dra. Nuria López Rodriguez

Fecha a determinar

Espai de Formació de la Clínica Arvila Magna

Avinguda Diagonal, 442 baixos.

Entrada gratuita

Reserva plaza en: 93 6110869 o formacion@arvilamagna.com o

¡Inscríbete ya mismo aquí!: (Aforo limitado) https://forms.gle/vgF2nXfmx7Ypozot9