Vamos a comer lo que nos traiga el otoño para afrontar con fuerza los cambios

Cada año, los árboles caducos renuevan todas sus hojas, perdiendo el follaje al llegar el otoño. El motivo es que en esta estación las horas de luz se reducen, la radiación solar pierde fuerza y los suelos muchas veces se hielan, dificultando la captación de agua y nutrientes por parte de las raíces.  En estas condiciones, cuando mantener el follaje cuesta más de lo que produce, la estrategia más rentable para el árbol es perder la hoja y pasar la estación desfavorable en un estado de baja actividad o reposo. En nosotros, la reducción de horas de luz hace que nuestra piel no se encuentre tan expuesta a los rayos solares, por lo tanto con menor exposición para aumentar la vitamina D, relevante en la modulación de la respuesta inmune. Así que, es época de ayudar a nuestro sistema inmunológico para la prevención de gripes y resfriados. Vamos a reforzarnos y protegernos con buenos combustibles. ¡A comer bien para tener súper poderes!

Alimentación de otoño para nuestro sistema inmune

Como siempre os recordamos, que no falten las frutas y verduras ecológicas y de temporada, puesto que conservan todas las vitaminas, minerales y antioxidantes al haberse recogido en el momento óptimo de maduración y que no contienen pesticidas, fungicidas ni aditivos.

Es la estación para los vegetales de raíz (zanahoria, rábano, nabo o nabo negro) que vigorizan el intestino grueso, y el kudzú, un súper alimento gran desconocido en occidente, una raíz seca muy recomendada para cuidar el intestino grueso y el sistema respiratorio[1]. Son alimentos nutritivos que contienen el elemento tierra, como lo son también calabazas y boniatos. Estos alimentos del otoño nos aportan de una forma mágica los micronutrientes que necesitamos en esta época del año. No es casual que los productos de la temporada sean ricos en Cobre, Vitamina C, Vitamina A, Magnesio, Calcio y Zinc, todos ellos estimulantes de la inmunidad. ¡La naturaleza es lista! Así se refuerza el sistema inmunológico.

Además hay que incorporar a nuestra dieta: carne, pescado, marisco y huevos provenientes de la cría sostenible y ecológica. El cereal más adecuado de cara al otoño es el arroz integral, y en cuanto a legumbres, vamos a por la lenteja.

Y no nos olvidemos de las estrellas de la temporada: las setas, grandes tesoros de la naturaleza. Las setas forman parte del grupo de alimentos inmunoestimulantes que refuerzan nuestro sistema inmunitario para protegernos del frío del invierno. Mejoran nuestro sistema antiviral, ya que aumentan las células natural killer, que incrementan la capacidad de nuestro sistema inmune para matar virus. Al igual  que la penicilina, que procede de un hongo, estos alimentos subirán nuestras defensas. Una buena caminata por el monte en busca de setas, para luego cocinarlas, compartirlas y comerlas entre amigos: planazos saludables de otoño.

Mientras que las frutas veraniegas son ricas en agua y vitamina A, que ayudan a proteger nuestra piel del sol; las de esta época: pomelos, peras, caquis, aportan Vitamina C, que son un chute para nuestro sistema inmune. Nada es fortuito en la naturaleza. Nos acompaña por estas fechas también la granada, rica en ácido elágico, que fortalece de nuevo el sistema inmune y protege las células normales, inhibe el crecimiento de células cancerosas, y ayuda en la prevención de enfermedades cardíacas. Y por supuesto, otra reina de la temporada, la castaña: aporta calor y energía duradera. Sus hidratos de carbono permiten que el organismo los absorba lentamente y progresivamente de forma que mantienen los niveles de azúcares equilibrados en sangre; por lo tanto, no generan una bajada de azúcar en picado (cómo hacen los azúcares simples), que es el que nos hace tener esa hambre voraz.

En cuanto a la preparación de estos alimentos, es fundamental que sean  calientes y fáciles de digerir, por lo que a cocinar sopas y cremas de verduras toca. Las cocciones serán más largas y concentradas, y retomamos el calor de la cocina al horno. Para adaptarse al otoño y apoyar el buen estado de los pulmones, el intestino grueso y la piel es esencial hacer una comida más seca (con menos líquidos), que nos caliente (evitando alimentos que enfríen) y limpia (baja en residuos) con una ligera incorporación de picantes suaves (jengibre, clavo o mostaza), ya que nos servirán para estimular el pulmón y liberar flemas. El picante es un sabor que calienta y limpia la nariz. Si seguimos comiendo como en pleno verano, lo más probable es que aparezcan los resfriados típicos del otoño. El frío interno que crea la alimentación de verano en nuestro cuerpo se suma al frío ambiental, dando como resultado un exceso que debe ser regulado y eliminado en forma de resfriados, diarreas, fatiga o desánimo.

La alimentación no es infalible y otros factores como la genética, el descanso nocturno, encontrar un espacio para estar con uno mismo, relajado, y especialmente practicar deporte son muy importantes para la salud emocional, intestinal, hormonal, inmunológica… ¡Cuida estos pilares!

Con una alimentación apropiada para el otoño podemos lograr más practicidad, solidez, disciplina interna y limpieza que provea ideas inspiradoras y crecimiento de la conciencia interna. Los equinoccios siempre vienen relacionados con momentos de transición y  fuertes cambios. ¿Qué necesitas despedir? ¿Qué personas o situaciones necesitas soltar para avanzar? Haz como los árboles en esta época y deja aquello que te impida mantener una energía rentable.

 

[1] El kudzú, originario de China, es un almidón que se extrae al moler las raíces de la planta Pueraria lobata. Es muy útil para hígados sobrecargados e intestinos débiles. Es un remedio excelente para las mucosas respiratoria y digestiva.