El cortisol, una cuestión de peso

Hay personas que, a pesar de ser rigurosas con sus regímenes de adelgazar y realizar ejercicio, no bajan de peso y tienden a acumular grasa especialmente en la zona del abdomen. No les falta voluntad y aseguran que comen lo que deben, pero tienen la sensación de que les engorda “hasta el aire”. ¿Hasta que punto es cierto? ¿Puede ser que una persona que cuida su alimentación no pierda peso e incluso lo gane?

Efectivamente, puede existir un factor que a menudo se ignora y que causa estos desajustes: el cortisol, conocido como la hormona del estrés. Las glándulas suprarrenales son las encargadas de producir esta hormona esteroidea, que se dispara ante situaciones de estrés o cuando hay un bajo nivel de glucorticoides en la sangre.

En la prehistoria, este exceso de segregación de cortisol se producía en situaciones en las que se corría peligro de muerte y se tenía que decidir entre huir o luchar. De esta manera, su función era aumentar la presión sanguínea y aumentar el azúcar en sangre para que los músculos tuvieran más energía para emprender cualquiera de las dos acciones. Se supone que esta situación era breve en el tiempo, adaptada a la urgencia.

El problema actual es que, en muchos casos, el estrés se ha cronificado y se vive en  un estado de alerta permanente que mantiene al cuerpo sometido a altos niveles de cortisol. No solamente se debe al estrés mental, sino que también pueden influir otros factores como la falta de descanso o sueño, el exceso de actividad física, comer de forma desordenada, los problemas en el trabajo o el abuso de estimulantes como el café.

Por una parte, una de las consecuencias del exceso de hormona del estrés es la acumulación de grasa abdominal; por otra, influye en la aparición de enfermedades como la diabetes, la pérdida de la memoria y la hipertensión. Y, a pesar de que, como decíamos al principio, el cortisol hace que se engorde aunque se cuide la alimentación, también se ha estudiado su influencia en las comidas por impulso. Por ejemplo, en las mujeres, se ha demostrado que en situaciones de mucho estrés hay una inclinación por aumentar el consumo de dulces, lo que a su vez incrementa el apetito, hace que se coma más y acaba generando una espiral difícil de controlar. La situación resulta todavía más frustrante cuando echa por tierra los esfuerzos previamente realizados para controlar la alimentación. De esta manera, la culpa aparece también para añadirse a este cocktail anti-pérdida de peso.

¿Y las personas que pierden peso con el estrés?

Efectivamente, otra situación posible es la de las personas que estando en su peso o delgadas todavía adelgazan más cuando están sometidas a un alto nivel de estrés. Un estudio publicado en Experimental Psicology asegura que en estos casos se activa la “grasa marrón” o buena que aumenta el calor del cuerpo ayudando a metabolizar de forma rápida la glucosa y los lípidos.

El cortisol, en este caso, ayudaría a activar más esa grasa buena y ha incrementar la pérdida de peso. Los científicos también descubrieron que a menor IMC más grasa marrón (buena) hay, si bien no han descubierto si esa mayor cantidad y funcionamiento de esta grasa es clave para tner un IMC menor. Faltan más estudios para ver exactamente cómo funciona este fenómeno y qué aplicaciones podría tener para aplicarlo en la pérdida de peso.

Remedios para bajar el cortisol elevado

Evitar el estrés ha de ser la prioridad. Y como apuntábamos antes, no solamente por el peso, sino por las enfermedades que pueden llegar a manifestarse.

  • Alimentarse de manera sana y natural, evitando azúcares e hidratos de carbono simples y comiendo de forma ordenada 5 veces al día (para evitar pasar hambre)
  • Evitar el consumo de estimulanes: cafeína, teína, alcohol… que estimulan las glándulas suprarrenales.
  • Descansar adecuadamente: por una parte, dormir 8 horas y en las horas de descanso adecuadas, como explicó Quim Vicent, D.O. en un artículo de este mismo blog.
  • Realizar deporte evitando los excesos, y practicar actividades más relevantes como yoga o caminar.
  • Buscar vías de relajación como la meditación, escuchar música relajarte o recibir un masaje.
  • Cambiar aquello que genere tensión y se pueda cambiar, y lo que no, aprender a llevarlo de la mejor manera posible, siendo conscientes de nuestras emociones y dándoles el espacio adecuado.
  • Como complementos o a través de alimentos que los contengan, la vitamina C, el magnesio, el triptofano y el Omega 3 son buenos ayudantes.
  • Reir: permite una gran descarga del estrés, ayuda a recuperar el equilibrio natural del cuerpo y es muy gratificante. Recuerda que el simple hecho de sonreír libera endorfinas, y que éstas ayudan a reducir el cortisol.