La ciencia de la respiración. Como respirar correctamente y los beneficios en tu salud.

La experiencia nos dice que respirar hondo es una buena manera de relajarse. Todos hemos sentido cómo la respiración profunda nos equilibra nuestros nervios. Los seres humanos han sabido durante milenios que la respiración profunda y lenta reduce el estrés además de tener un efecto relajante. Por el contrario, los ataques de pánico hacen que una persona tenga una respiración corta y rápida, lo que aumenta aún más la sensación de malestar. Sin importar si la ciencia lo confirmaba, el hecho es que siempre ha funcionado. Pero los científicos también han echado mano a este fenómeno, con un estudio reciente que ha logrado entender cómo y por qué respirar profundo ayuda tanto a la relajación.

En Arvila, este mes de noviembre te ofrecemos un taller para conseguir gestionar y mejorar la manera en que respiramos. Pero pasemos antes a explicar, qué agua clara ha sacado la comunidad científica sobre los beneficios de una correcta respiración.

 

Hacía tiempo que la comunidad científica reconocía que hay unos circuitos neuronales encargados de regular la respiración, pero hasta ahora no habían identificado la conexión neural específica que conecta la respiración con los estados emocionales de la ansiedad y la calma. En unos  de estos primeros estudios de los años 90 ya se constató que había una región neuronal del cerebro que parecía relacionar la respiración con el estado mental. A esta zona se le llama “marcapasos de la respiración”, o en inglés “breathing pacemaker” (pacificador de la respiración). No se comprendía bien su funcionamiento, pero se le consideró el lugar donde surgen los estímulos que activan los músculos respiratorios que nos permiten inspirar.

Hace tan solo unos meses, un equipo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford (Estados Unidos) ha publicado un estudio donde se detalla la conexión neural específica que controla este proceso. Para dicho estudio, se dirigieron a unas neuronas específicas situadas en el “marcapasos de la respiración” de unos ratones y las desactivaron para ver cómo se comportaban.

Sucedió que los ratones empezaron a respirar más lentamente, se dedicaron más a asear su cuerpo y pasaron menos tiempo merodeando y olisqueando su jaula. Los investigadores describen a sus ratones como los “super chill out”. Es decir, que si estas neuronas morían, los animales alcanzaban un gran estado de relajación y reducían su sentido de alerta. Su respiración también se había vuelto lenta y controlada. Esto significa que en los ratones, la respiración había bajado su ritmo porque su marcapasos no estaba recibiendo señales de pánico. Los científicos del estudio llamaron a estas neuronas, las “neuronas pranayama”, en honor a la práctica de regulación de la propia respiración, practicada en el yoga.

Yackle, director del estudio, cree que esto explica por qué la respiración profunda produce efectos de relajación. Estas neuronas son responsables del control de la respiración y conectan con una región que controla el estado de alerta. Por el contrario, cuando se aceleran las inspiraciones, estas células aumentan su actividad y transmiten la información a una región relacionada con el estrés y el pánico. Así que, pueden ser la clave para explicar por qué la respiración consciente durante el yoga, la meditación o la psicoterapia modula las emociones, la agitación o el estrés.

Como ocurre con otros avances en neurociencia, estos estudios con animales son fácilmente extrapolables a los humanos. Aunque harán falta más estudios, se puede deducir que la relación física entre la respiración y el estado mental es fundamental en el manejo de la emoción, el estrés y la ansiedad. Mientras el yoga se ha apoyado en estas nociones durante milenios, ahora llega la ciencia y nos lo confirma, por si quedaba por ahí algún incrédulo.

¿Pero como aprendemos a respirar bien?

No hemos tenido una educación en respiración que pudiera indicarnos la forma correcta de respirar, y parece que la inmensa mayoría de la población no lo hacemos del todo bien. Es decir, que la mecánica respiratoria de muchas personas es incorrecta. Una mala mecánica respiratoria puede producir una gran variedad de enfermedades psicosomáticas: hernia de hiato, asma, malas digestiones, estreñimiento, extremidades frías, vitalidad disminuida, etc.

La forma más común de respirar suele ser la abdominal, donde el tórax no se expande lo suficiente y el pecho se encaja hacia dentro. Cuando el abdomen adopta la forma de “tripa de balón” es probable que el diafragma no descienda lo necesario, ni que los pulmones se llenen de aire adecuadamente. Y hay algo fundamental en eso de respirar: que los pulmones, con sus lóbulos correspondientes, se llenen lo más apropiadamente posible según necesidades del organismo.

Como hemos visto, una situación (ya sea puntual o prolongada) modifica el patrón de la respiración. Así que, la respiración en el ser humano se va restringiendo por los rasgos del carácter que obstruyen el libre flujo del aire. Por ejemplo, el miedo, la atención o el estrés contraen la musculatura respiratoria, disminuyendo así la libre circulación de la ventilación.

Por lo tanto, para empezar a respirar bien, para eliminar un problema funcional de la respiración, habrá que considerar los conflictos psicoemocionales que interfieran.

En la Clínica hemos realizado con anterioridad algún taller de Psicoterapia Respiratoria con el psicólogo y terapeuta Carlos Velasco. En estos talleres tienes la oportunidad de conocer cómo es tu mecánica respiratoria y ser más consciente de estos procesos. Un diagnóstico en donde conocerás tu forma de respirar, las zonas del cuerpo que lo hacen bien y las que no lo hacen correctamente. Aprenderás a relajar el cuerpo, liberarlo de tensiones innecesarias y conseguir una mente serena, que es clave para que la respiración vuelva a hacerse natural.

Sobre todo, al iniciarse en cualquier disciplina, es necesario tener un profesional cerca ya que por un lado la proximidad al maestro terapeuta impulsa a practicar más y mejor, y por otro permite corregir errores básicos muy fáciles de evitar en una fase inicial, pero que pueden suponer un problema a medio plazo si no son corregidos.

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