La importancia de la leche materna para la salud del bebé

La importancia de la leche materna para la salud del bebé

Durante el periodo de lactancia, la leche de la madre es una fuente esencial de nutrientes naturales que favorecen el correcto desarrollo del pequeño y refuerzan su sistema inmunitario

El contacto íntimo entre el feto y la madre durante los meses de gestación es un vínculo fundamental durante los primeros meses y años de vida del bebé. Esta relación entre madre e hijo se intensifica durante el periodo de lactancia ya no mediante el cordón umbilical, sino a través del pecho materno.

Podemos afirmar, sin lugar a dudas, que la leche de la madre es todo un superalimento. Contiene vitaminas, glúcidos, grasas, proteínas, oligoelementos y sales minerales en la cantidad justa para el correcto crecimiento del bebé. Además, varía de composición para ir cubriendo las necesidades durante las sucesivas etapas de crecimiento.

Favorece la digestión sin cargar los emuntorios del cuerpo, es decir, riñones e hígado. También permite la protección bacteriana del bebé por los anticuerpos de la madre, ya que el pequeño todavía no tiene un sistema inmunitario bien desarrollado. Además, los niños alimentados con leche materna tienen menos riesgo de sufrir obesidad durante la infancia y la adolescencia.

El beneficio de la leche materna es mutuo. Con este tipo de lactancia, la madre aumenta la velocidad de contracción del útero siendo más sencilla su correcta colocación después del parto. Es muy importante también en el equilibrio del suelo pélvico, y para futuras disfunciones genitourinarias y patologías estructurales, como lumbalgias derivadas de las tensiones acumuladas en los ligamentos sacro uterinos. Hay estudios médicos con indicios muy importantes de prevención de varios tipos de cáncer en las madres, como el de pecho y ovarios. Dar el pecho también puede disminuir el riesgo de osteoporosis.

Posición del lactante para una adecuada succión

En la consulta, una de las preocupaciones más frecuentes de las madres se debe a no tener suficiente cantidad de leche. Este problema se da en casos puntuales y, en la mayoría de las ocasiones, la propia succión del bebé favorece la fabricación de leche.

También es habitual la curiosidad por el posible dolor durante la succión. Cabe decir que en la primera semana puede haber cierta sensibilidad mamaria, pero quizás lo que realmente pueda causar dolor es la posición del bebé. Una buena posición evitará molestias y mejorará a la vez la eficacia de la absorción, lo que contribuirá a dejar al bebé totalmente satisfecho.

Una de las posiciones más adecuadas para una correcta succión sería la siguiente: la boca del bebé tiene que estar abierta y la lengua, en posición de gouttière, es decir, ligeramente salida. Tocará el pecho con el mentón y los labios quedarán bien por debajo del pecho para hacer un efecto de ventosa. La boca tiene que abarcar gran parte de la aureola. El mentón y la nariz estarán contra el pecho, y la cabeza, ligeramente inclinada hacia atrás.

Más propiedades que la artificial

Considero que, en la medida de lo posible, hay que procurar no perturbar las leyes de la naturaleza. Por lo tanto, a no ser por necesidad médica, no aconsejaría sustituir la leche materna por cualquier leche artificial. De la misma manera que la fabricación de un espigón puede perturbar las corrientes y afectar a las especies marinas, también los niños alimentados con leches artificiales padecen riesgo de ciertas alteraciones, eso sí, siempre corregibles.

Los niños criados con leche de fórmula suelen ser más propensos a posibles infecciones y mantener más adelante alimentaciones inadecuadas con el consumo desmesurado de lácteos, lo que aumenta de forma muy notable procesos infecciosos como otitis o bronquitis.

La lactancia materna favorece un buen crecimiento de la estructura ósea en comparación con las leches artificiales, a pesar de la mayor riqueza en calcio de estas. La clave está en la relación entre el calcio y el fósforo. La leche humana contiene doble cantidad de calcio que de fósforo, lo que favorece la absorción intestinal y la formación del hueso. En cambio, en las leches de fórmula, el calcio es peor absorbido por la diferente proporción de calcio y fósforo.

Evitar los productos lácteos

Por otra parte, los productos lácteos son un terreno abonado para el cultivo de infecciones. En realidad, uno de los principales problemas de la leche de origen animal no es la lactosa, sino la excesiva cantidad de una proteína llamada caseína (82%), que neutraliza la acidez gástrica, lo que favorece las infecciones en el tubo digestivo y en el aparato respiratorio, causa de los famosos acúmulos de mocos que inundan las consultas de los pediatras.

Aconsejaría también a las madres suprimir los productos lácteos, en especial la leche de vaca, durante el periodo de lactancia. Estos productos pueden sobrevivir a la digestión, concentrarse en la leche materna y llegar directamente al organismo del bebé, lo que aumenta el riesgo de cólicos.