La medicina del Sol

En la antigua Grecia, Apolo era el dios del Sol, pero también el dios de la curación y de la protección contra las fuerzas malignas, de la luz. Los griegos entendieron bien que la luz de la naturaleza es un poderoso tónico que vitaliza el cuerpo y el espíritu. Hoy en día – algo más separados de la naturaleza- hemos olvidado la importancia del sol para tener una mente y un cuerpo sano. De hecho, hemos establecido una relación extraña, puesto que vivimos diez meses encerrados con luz artificial y después nos ponemos un mes bajo un sol de justicia un montón de horas diarias. Así que, el problema no es el sol, sino nuestra relación con él.

Para más inri, hay que tener en cuenta que en un país con las horas de sol del nuestro, el nivel de vitamina D en la sangre disminuye año a año debido a cambios en los hábitos de comportamiento y en la alimentación.

Cambio de hora: más sol, pero ¿también más felices?

En breve realizaremos el cambio horario que nos permitirá disfrutar de más horas solares. Los relojes deberán adelantarse el último fin de semana de marzo del 2018 para adaptarse al horario de verano. La modificación, que se aplica en todos los países de la Unión Europea, pretende ajustar la jornada laboral a las horas de luz. No obstante, se ha convertido en una costumbre cada vez más controvertida. Los argumentos de ahorro energético no convencen a los profesionales de la salud que, año tras año, alertan que los efectos físicos y psicológicos sobre las personas son considerables. Y no es de extrañar, ya que de alguna forma altera nuestra relación con la luz natural.

Cada primavera “perdemos” una hora, que será “recuperada” al cabo de seis meses. En general, este cambio no afecta a nuestra salud ni al bienestar de manera absoluta y definitiva, pero parece que para algunas personas no resulta fácil adelantar o atrasar su agenda interior. En esos casos, puede dar lugar a alteraciones de sueño, en el estado de ánimo e incluso en los hábitos alimenticios. También puede ocurrir que en los primeros días tras el cambio horario las personas sientan más cansancio del habitual, estén irritables e, incluso, les cueste concentrarse. Es decir, se tratan de alteraciones leves y de carácter transitorio. Unos efectos que serían parecidos a los que experimentaríamos si viajásemos a Canarias, y que habitualmente suelen desaparecer en el transcurso de 48-72 horas.

El cambio de hora no afecta a todas las personas por igual, depende de varios factores, entre los cuales se encuentra la edad (se adaptan peor los bebés y los ancianos) y el ritmo de vida. Ya lo decía Hipócrates, el padre de la medicina, allá por el siglo V a. de C: “unos seres se hallan espontáneamente mejor en verano y otros en invierno”.

De todos modos, el cambio horario resulta controvertido por qué hay diferentes estudios que indican que alteraciones que produce, podrían ser no tan leves. En lo que al sueño se refiere, el cambio de otoño resulta mucho más fácil porque, retrasando los relojes, ganamos una hora que podemos pasar plácidamente en la cama -al menos, el primer día-. Sin embargo, el cambio al horario de verano es mucho más complicado. Así lo señaló un estudio publicado en la revista Current Biology en 2007. Los investigadores encontraron que las personas nunca ajustan por completo sus ritmos circadianos al cambio de hora asociado al estío.

Otro estudio publicado en 2006 apuntaba además que no sólo la cantidad, sino también la calidad del sueño se ve alterada. Nuestro sistema cardiovascular también se resiente con los cambios de hora. En 2014, un estudio publicado por investigadores del Departamento de Medicina Cardiovascular de la Universidad de Colorado en la revista Open Heart llegó a estimar que el número de infartos de miocardio aumentaba un 24% el lunes siguiente después del cambio al horario de verano.

Dos años antes, otro estudio de la Universidad de Alabama había apuntado que el lunes y el martes posterior a adelantar los relojes una hora durante el mes de marzo se asociaba con un aumento del 10% de padecer ataques cardíacos. En cambio, cuando llegaba el mes de octubre, este riesgo disminuía en la misma medida.

Según Martin Young, autor principal del estudio, no se sabe exactamente por qué ocurre esto. Sin embargo, hay varias teorías que podrían explicarlo. “La privación de sueño, los ritmos circadianos y las respuestas inmunes del cuerpo pueden entrar en juego cuando intentamos explicar por qué el cambio de hora puede ser perjudicial para la salud de alguien”, apuntaba el experto en declaraciones a Science Daily. “Las personas privadas de sueño suelen pesar más y tienen un mayor riesgo de desarrollar diabetes o enfermedades cardíacas.

El Astro Rey y sus efectos

Mientras el cambio horario se debe a una implantación moderna, y por lo tanto no se trata de algo natural, para hablar sobre los estudios del beneficio de la luz solar en nuestra salud hay que remontarse a la Antigüedad. Y aquí sí que parecen estar casi todos de acuerdo: la luz solar ha sido y es clave para nuestro estado de ánimo. Entre más largo el período de luz, mayor el sentimiento de bienestar general. Tenemos más energía, nos sentimos más activos, más creativos y felices. Y lo cierto es que la vida sobre nuestro planeta Tierra sería totalmente imposible, al menos tal como la conocemos hoy, sin la presencia vital del sol.

Desde tiempos inmemorables, se ha utilizado el sol con fines terapéuticos. Se sabe que tanto en el antiguo Egipto como en Grecia y Roma estaban muy extendidos los baños de sol. Sin embargo, en los primeros siglos de nuestra era los conocimientos sobre la luz y sus beneficiosos efectos se abandonaron al prohibir la Iglesia Católica lo que entendía como “cultos paganos al sol”. No se retomarían estos conocimientos hasta mediados del siglo XVII cuando Jean-Jacques Rousseau propuso el necesario “regreso a la Naturaleza” que, entre otras cosas, consistía en salir al aire libre y tomar el sol. Desde finales del siglo XIX hasta la actualidad, los estudios sobre la luz natural y su efecto sobre el cuerpo humano son infinitos.

La ciencia del siglo XX y XXI, ha demostrado que la luz solar afecta a múltiples procesos biológicos humanos e influye sobre todo en los sistemas endocrino, nervioso e inmune. Parece que el sol es todo un manantial de salud, y sentirnos bien con nuestro cuerpo hace que la fuente de la felicidad brote a borbotones.

Según un estudio publicado en la Scientific American, en primavera se eleva la tasa de embarazos debido a que la producción de espermatozoides llega a su pico en esta temporada. Love is in the air!

 

La Vitamina D Sol

El sol sintetiza la vitamina D, que sirve para fijar el calcio en los huesos, previene los resfriados, las enfermedades autoinmunes y el asma. Protege el corazón, regula el buen funcionamiento del hígado y los intestinos, ayuda a no engordar… Sí, regula los impulsos de hambre, sed y sueño. La vitamina D está relacionada con el correcto desarrollo muscular en la adolescencia y la formación regular de colesterol ; refuerza el sistema nervioso, el inmunitario, la resistencia física, la capacidad de atención y aprendizaje…

Se cree además que la vitamina D interviene en el mejor del estado de ánimo, en la prevención de diversos tipos de cáncer y en la prevención de enfermedades autoinmunes, aunque todavía no se posee un nivel de estudios concluyente. Sí se sabe en cambio que el colecalciferol es fundamental para el buen funcionamiento del sistema inmunitario humano. Queda claro que se trata de una vitamina muy importante.

Sobre los niveles adecuados de esta vitamina, ya nos habló en el post anterior ,  la importancia de la Vitamina D , el director de la clínica, D.O Quim Vicent, y siempre recomendamos que te hagas un chequeo de la misma. En general los especialistas están de acuerdo que vamos flojos. Puesto que la vitamina D se genera tomando el sol y en esta zona del Mediterráneo tenemos grandes dosis de luz solar, resulta curioso que la conclusión de nuestros niveles de vitamina D, sea que no tomamos suficiente el sol. Así parece ser según los datos recopilados por la Sociedad Española de Bioquímica Clínica y Patología Molecular en su análisis de 2013 sobre “La vitamina D: Una perspectiva actual’, donde se indicaban que “los niveles insuficientes de vitamina D son más habituales en invierno y en pacientes hospitalizados, niños, embarazadas y los adultos mayores”.

Resultan muy llamativos estos datos, teniendo en cuenta que vivimos en una zona del planeta de la que disponemos de unas 2.500-3.000 horas sol, lo que se traduce en una media de 8,2 horas al día. Mientras que en zonas como Escocia, puestos a comparar, se dispone de 3,3.

De manera que, si tienes la suerte de poder incluir en tu vida más luz solar, al tiempo que quitas de ella algo de luz artificial, eso que saldrás ganando. Los expertos recomiendan unos 15 minutos al día, cuando no hay sol directo. Y si, para colmo de suerte, tienes la posibilidad de dar frecuentes paseos por el campo, la montaña o la playa, y tumbarte un ratito al sol, hazlo sin dudarlo, y tu organismo te lo agradecerá, mejorando tu salud física y mental, que buena falta nos hace a todos. Ahora que tenemos el cambio horario a la vuelta de la esquina, tenemos un aliado más para sentirnos como soles.