La tortícolis y su relación emocional.

 

 

La tortícolis es una afección, aguda o crónica, caracterizada por una inclinación de la cabeza sobre el cuello, que ocasiona una postura defectuosa, involuntaria, permanente o intermitente y, en general, dolorosa. Se define como una contracción prolongada de los músculos cervicales que produce inclinación del cuello, posición anormal de la cabeza, dolor y pérdida de la movilidad articular.

La mayoría de los especialistas, coinciden en que esta dolencia tiene diferentes orígenes, como pueden ser movimientos bruscos del cuello, una lesión traumática, dormir en mala posición o lesiones musculares del cuello. Y lo más llamativo es que en su mayoría, las personas que consultan por dolor de cuello, presentan una o más subluxaciones en la columna cervical, que no son más que des alineamientos de las vértebras. Pero cabe destacar también que el origen de este dolor tiene cada vez más consecuencias en las tensiones y angustias, que se acumulan en esa zona.

La Medicina Psicosomática, toma en cuenta las emociones, las considera y las analiza desde un enfoque terapéutico. En España, la Medicina Psicosomática no está reconocida como especialidad médica, en cambio se trata de una especialidad más en otros países europeos.

Las enfermedades expresan algo que la persona no puede comprender en un primer momento por si misma; por esta razón, cuando el psicoterapeuta encuentra las palabras adecuadas y puede pronunciarlas porque la persona está preparada para escucharlas, los signos y síntomas de la enfermedad se alivian y en algunos casos desaparecen.

Las emociones no surgen de la nada, sino que están relacionadas con nuestro modo de interpretar lo que nos sucede; esta reacción puede dar lugar a síntomas como dolores de estómago o de cabeza, tensión muscular, enfermedades infecciosas o enfermedades respiratorias, tal y como han demostrado algunos estudios en los que se ha visto cómo pueden aparecer estos síntomas tras un acontecimiento estresante.

Nosotros estamos convencidos de la relación entre enfermedad y emoción; pero no lo es todo, ya que la enfermedad es una combinación de aspectos emocionales, hábitos alimenticios, estilo de vida y genética.

¿Tortícolis emocional?

Junto con las cefaleas, el dolor en la zona cervical es uno de los malestares más comunes y habituales en nuestras vidas. El cuello sostiene la cabeza y es el vínculo entre la cabeza y el torso. Corresponde al paso de conceptos, ideas, deseos y voluntad (todos provenientes del cerebro) a la acción práctica (acción, realización, expresión, relación). El cuello es un puente. Todavía no es la acción en sí misma. El cuello precede a la acción.

Se sitúa entre el cerebro y el corazón, los dos centros del impulso eléctrico del cuerpo. Es el nexo entre la cabeza (la lógica) y las emociones (cuerpo). Como es una parte muy estrecha del cuerpo, la energía puede quedar fácilmente restringida en esta zona. Los impulsos eléctricos que pasan entre el corazón y el cerebro integran el pensamiento analítico con los deseos y sentimientos emocionales. Las diferencias entre lo que piensa el cerebro y los deseos del corazón pueden hacer sentirse disperso, atascado, confundido o impotente, incluso mareado o desequilibrado. Las decisiones se vuelven difíciles. Cuando los sentimientos (miedo, duda, colapso, etc.) entran en conflicto con la lógica (organización, enfoque, acción, estrategia, etc.), el resultado es el estrés.

Hay que añadir además, que todo lo que da la vida pasa por el cuello: el aire, el agua, los alimentos, las circulaciones sanguínea y nerviosa. Es decir, hablamos de una parte muy destacable del cuerpo humano.

Como afirma la doctora en psiquiatría Liliana Irazabal, “el cuello es la parte del cuerpo que soporta la cabeza. Este nexo entre el cuerpo y la mente es también el puente que permite a la vida manifestarse, representa la flexibilidad, la adaptabilidad y la dirección anticipada”. Además, afirma que es cada vez más frecuente, que sus pacientes manifiesten este tipo de dolores por canalizar distintas emociones en dicha zona. “Si existe una dificultad a la hora de manifestar mis emociones, si las reprimo y no las canalizo debidamente, esto puede crear una tensión en el nivel del cuello donde se manifiesta el centro de energía. Como el cuello es una de las partes flexibles del cuerpo, todo problema en él denota inflexibilidad en la persona que lo padece”.

Además, cuando una persona se halla emocionalmente ansiosa tiende a contraer los músculos que unen la cabeza con los hombros y tensiona toda la musculatura que va desde la nuca hasta la parte más elevada de los hombros. Esta zona, suele recibir así gran tensión en los momentos en los que contenemos nuestra agresividad.

Según el psicólogo Enric Corbera, “las vértebras cervicales están relacionadas con la comunicación verbal”. De esta forma -según él- “podemos tener dolencias en esta zona cuando sentimos impotencia ante un sentimiento, o ante una situación, o bien por tener que ‘bajar la cabeza’ frente a algo, o alguien. La persona no quiere hacer frente a una situación porque no la puede controlar como quisiera.”

Los problemas en el cuello pueden poner de manifiesto que nos encerramos, en nuestra forma de ver e interpretar una situación, una relación, un conflicto… Pueden expresar, por lo tanto, nuestra inflexibilidad y nuestra incapacidad para adoptar o contemplar distintos puntos de vista. Normalmente, en tortícolis de repetición son personas obstinadas que no consideran distintas opciones y alternativas a las suyas porque creen que no las pueden controlar. Esta actitud mental se traduce literalmente en rigidez, terquedad, inflexibilidad.

La tortícolis expresa un conflicto motor de contrariedad en la acción; situaciones en las que, por una parte, deseamos girar la cabeza para ver a alguien; pero, por otra, nos lo prohibimos. Queremos mirar; pero no lo hacemos. Si la contracción muscular de la tortícolis nos impide hacer el gesto de negar con la cabeza, significa que deseamos profundamente decirle no a alguien o a algo; pero que no nos lo permitimos. Por el contrario, si el dolor nos impide afirmar con la cabeza es porque nos gustaría decir sí; pero tampoco nos lo permitimos.

Deseamos avanzar y retroceder al mismo tiempo. No podemos, en definitiva, mirar hacia dos lados a la vez y de esa lucha interna surge precisamente el conflicto que expresa la tortícolis. Situaciones, cosas o personas de las que huimos, que evitamos ver o mirar.

Personas a las que les resulta difícil vivir y gestionar su presente. Que viven con inseguridad y se resisten –consciente o inconscientemente- a contemplar todas las opciones y alternativas, manteniéndose inflexibles. Evitan afrontar situaciones incómodas o comprometidas.

 

 

 

Dependiendo de que zona cervical se vea afectada, podemos definir, a veces, unas u otras dolencias emocionales. En términos generales, las más bajas, por ejemplo, las vértebras C4, C5, C6 están en relación con la tiroides y, a través de ellas, afectan al lenguaje y la voz, es decir, la comunicación que expreso y la que recibo. Pueden ser situaciones en las que no me permito expresar mis opiniones o cuando escucho palabras y mensajes que me causan ira e indignación. Estas situaciones pueden incrementar nuestra agresividad, por lo que se cerrarán nuestros canales de comunicación. Nos cuesta “digerir” lo que escuchamos o tendemos a darle muchas vueltas a lo que hemos escuchado o a lo que nos gustaría expresar y no expresamos. En estos casos, frecuentemente aparecen dolencias que afectan a todo el sistema de comunicación: boca, lengua y cuerdas vocales, pudiendo llegar a afectar, de manera generalizada, a todo lo que se localiza entre la boca y los hombros.

Averiguar y comprender las circunstancias detonantes es vital para poder neutralizar y desactivar de manera definitiva el dolor cervical. A partir de ahí, la toma de conciencia del conflicto, que dependerá del matiz concreto que expresa la vértebra afectada, debe llevarnos a pasar a la acción adoptando una mayor flexibilidad en nuestra vida, en nuestros puntos de vista, en nuestra forma de actuar y comportarnos. Siendo más abiertos y receptivos, desaparecerán las rigideces, los corsés y los miedos. Entonces, será más fácil actuar en coherencia entre lo que pensamos y lo que hacemos. Si estamos en coherencia, ayudaremos a que el dolor cervical se vaya.

Aplicar calor en la zona o la práctica de estiramientos para poder destensar la zona son siempre buenos aliados, siempre y cuando no se trate e una tortícolis de repetición. En ese caso, siempre es recomendable la visita a un especialista, que puede recomendar un tratamiento osteopático, acupuntura, yoga terapéutico o rehabilitación postural. En Arvila estaremos encantados de tratar este tema ampliamente contigo; siempre conscientes de que el dolor físico parte en gran medida de un dolor emocional, te acompañaremos a tratar con él con nuestros mejores especialistas.