¿Por qué nos besamos?

¿Por qué y cuándo empezamos a hacerlo? ¿Es un comportamiento aprendido o instintivo? Diversas teorías, para llegar a la conclusión que besarnos sigue siendo todo un misterio.

Los besos hacen que nuestro cuerpo libere hormonas que mejoran nuestro ánimo y funcionan como antidepresivos naturales. También dilata los vasos sanguíneos, por lo que reduce el dolor. Es muy sabido, besarse es ante todo un acto saludable. Los humanos nos besamos para fortalecer lazos de unión, nos hace sentirnos queridos y nos permite sentirnos una parte importante en la vida de la persona a la que besamos. Investigadores de Oxford han visto que las parejas que se besan con más frecuencia son más felices y se sienten más satisfechas con su relación, independientemente de la frecuencia con que mantienen relaciones sexuales.Un estudio de la Universidad Wilfrid Laurier de Ontario (Canadá), constató que entre las parejas que se despiden con un beso por la mañana hay menor absentismo laboral, menos accidentes de tráfico, ganan un 25% más dinero y su esperanza de vida se alarga cinco años. Una explicación sería que ambos empiezan el día con una actitud más positiva y con más energía vital, lo que repercute en muchos aspectos. Conclusión: vivimos mejor y más gracias al beso.

El origen del beso en la humanidad es un enigma. Algunos científicos defienden que es una conducta aprendida que surgió hace cientos de miles de años, en nuestros ancestros evolutivos: las madres mascaban la comida y se la pasaban a sus crías desdentadas; y que cuando ya habían sacado los dientes pudiendo masticar por sí mismos, las madres seguían haciendo un gesto similar con la boca en las mejillas de los hijos, a modo de confort o consuelo.

La ritualización del intercambio de comida, es un fenómeno típico en algunos animales. En insectos o pájaros, el macho le ofrece comida a la hembra como parte del cortejo. Helen Fisher, profesora de antropología en la Universidad Rutgers y experta mundial en la biología del amor, también ha analizado el papel del beso, y asegura que “besar es un poderoso mecanismo de adaptación” presente en más del 90% de las sociedades humanas. Sin olvidar, añade, que “los chimpancés y los bonobos se besan, los zorros lamen sus hocicos entre sí, y los elefantes ponen sus trompas en las bocas de los otros miembros de sus manadas”.

Otra teoría, relacionada con la teoría de la evolución, evoca el movimiento de la boca al besar con la que hacemos cuando tomamos leche de nuestra madre, que una de las actividades que más placer genera en el cerebro humano. Todas las hasta aquí planteadas, suponen el beso como algo universal e intrínseco del ser humano. Todas ellas parecen dar bastante sentido a la explicación del origen universal del beso como gesto de amor, tanto en humanos como animales.

 

Pero (sin un pero, no os estaríamos hablando del misterio del porqué nos besuqueamos) un equipo de antropólogos estadounidenses analizaron 168 culturas de todo el mundo para investigar si es el beso es un acto universal del ser humano. El resultado nos cuenta una historia bien distinta. La investigación encontró que menos de la mitad (46%) de todas las culturas analizadas expresaban el amor romántico y/o sexual con besos en los labios.

Otro estudio de una universidad alemana, estima el 10% de la población mundial, ubicada en algunas zonas de África, América, Oceanía y Australia (por lo que hablamos de unos 650 millones de personas), no se besa. Hasta bien entrados en el siglo XX, algunas tribus de Finlandia consideraban el besar como algo indecente. Y en algunas regiones de China durante mucho tiempo se veía besarse en la boca como algo horrible. Hay otras opciones, en Mongolia, por ejemplo los padres no besan a sus hijos, pero les huelen la cabeza en señal de amor.

El conocido beso esquimal, donde no se utilizan los labios, sino que se frotan las puntas de las narices.

 

En general, vemos que las sociedades más complejas besan más, mientras que en las sociedades cercanas al modelo de tribus cazadoras-recolectoras no es tan común o directamente no besan. Puesto que el estilo de vida de estas sociedades tribales está más cerca de nuestros ancestros, es probable que nuestros antepasados tampoco se besaran. Por lo que llegamos a la conclusión que el beso –humano- no es, para nada, universal, puesto que ya se hubiera originado como un comportamiento natural en los primeros homínidos. Parece que globalizamos comportamientos modernos occidentales, al comportamiento humano general. Entonces, ¿es una invención del humano moderno? Según Rafael Wlodarski especialista en estudio del comportamiento humano de la Universidad de Oxford, el besarse como se hace hoy en día es una invención bastante nueva, una costumbre que ha pasado de generación en generación.

Entonces, ¿por qué nos besamos? La neurocientífica Wendy Hill, que nos devuelve a la teoría de la evolución del beso, es una forma excelente de valorar si la pareja potencial que tenemos delante es o no adecuada para tener una descendencia sana. Al besar a alguien, instintivamente nos dejamos llevar por las feromonas, que nos dan información acerca del sistema inmunitario de esa persona. Además, besarnos reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y aumenta los niveles de oxitocina (siempre y cuando besemos a la persona adecuada) que nos hacen sentir más que bien y con ganas de repetir; además, activan el centro del placer del cerebro y nos producen sensación de euforia

En el beso intercambiamos saliva, repleta de bacterias y otras sustancias que nos permiten evaluar de forma rápida si esa persona es o no compatible genéticamente con nosotros. Existe un conjunto de genes llamado Complejo Mayor de Histocompatibilidad que se encargan de enviar esa información, como si fueran nuestro historial de salud. Cuanto más diversos sean los genes de la pareja, más probabilidades al mezclarse de conseguir un sistema inmunitario más diverso capaz de combatir mejor las enfermedades y, por tanto, de garantizar la supervivencia de la descendencia.

 

Besos de película inolvidables.

 

Hay que pensar que en un beso de 10 segundos intercambiamos, según un estudio noruego de 2014, nada menos que unos 80 millones de bacterias. Al intercambiarse bacterias, parece que también se refuerza el sistema inmunitario. De la misma manera, se ha analizado que cuando una madre besa a su bebé absorbe algunos gérmenes del pequeño, pero a la vez contribuye a que aumente la producción de sus defensas. Por cierto, como la caries están producidas por bacterias, si a quien estamos besando tiene los dientes picados, es más que probable que nos contagie su salud bucal. Como también el resfriado, el virus del herpes o la sífilis.
Para nuestra anteriormente citada, bióloga del amor, Helen Fisher el beso es fundamentalmente una cuestión química. La saliva masculina tiene testosterona y los hombres prefieren los besos húmedos porque ?Inconscientemente intentan transferir testosterona para provocar el apetito sexual en las mujeres?, según la experta. Además, este tipo de besos podría ayudarles a “medir los niveles de estrógenos femeninos de su pareja, para hacerse una idea de su grado de fertilidad”. En cuanto a las mujeres, el beso les sirve para detectar el estado del sistema inmune de su posible pareja y saber “cuánto se cuida”.

Desde un punto de vista neurocientífico, el beso es muy interesante. Cuando unimos nuestros labios a los del otro aumenta la presión sanguínea, se movilizan hasta 29 músculos faciales y quemamos unas cuatro calorías por minuto. Al tocarse los labios, más de 100.000 millones de células nerviosas se activan, le envían al cerebro un torrente de información que le ayuda a decidir si queremos continuar y, en ese caso, comienza a liberar endorfinas.

La boca es, de hecho, una de las zonas más erógenas del organismo; tanto la lengua como los labios están repletos de terminaciones nerviosas. Y nuestro cerebro le dedica una gran cantidad de recursos a la sensación procedente de los labios, en comparación con otras partes del cuerpo.

El beso es placer; no en vano, la boca es, de entre todos los órganos erógenos del cuerpo, el que está situado más cerca del cerebro, el centro donde se producen las emociones. Al besarse, las terminaciones nerviosas que se activan implican un área cerebral que es más amplia que la relacionada con los ­genitales.

Y aún hay más reacciones en el cuerpo: un estudio de la Universidad de Viena demostró que, cuando una persona funde los labios con su pareja en un beso apasionado, las pulsaciones cardiacas pasan de 60 hasta 130 por minuto, liberándose la adrenalina y bajando la tasa de colesterol.

Aunque cuando las personas nos besamos seguramente lo último que pensamos es si es o no saludable. Besamos y tan felices. Las personas dedican el equivalente a dos semanas de su vida a besos. Quizás si le dedicáramos un par de días más de nuestra vida, al igual mejoraríamos nuestra salud exponencialmente. Todo es ponerse, así que tal y como recitaba la canción: “Bésame, bésame mucho”.